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En la escuela del pueblo de Kuyu, en el corazón de la región de Oromia, Etiopía, más de 20 niños levantan sus manos cuando se les pregunta si conocen a alguien de su familia con problemas de vista.

"Mi madre perdió la visión en un ojo y el otro le está causando muchos problemas", cuenta un niño. "No puede ver para dónde va".
Otra niña de nueve años explica que su abuela es ciega en los dos ojos y siempre se está sacando las pestañas. "Se las frota y se las frota", señala. "Le ocasionan un dolor terrible".
No se levanta ninguna mano cuando preguntan quién de ellos tiene algún problema de visión.
No obstante, tras el examen de un oftalmólogo, descubren que más de la mitad de los niños tiene tracoma infeccioso, una infección bacteriana que es la primera causa prevenible de ceguera en el mundo.
La enfermedad empieza en la niñez. Si no se trata, la bacteria causa inflamación que a su vez ocasiona un tejido cicatrizado debajo del párpado.
Con el tiempo la cicatriz hace que el párpado se voltee, lo que trae como consecuencia que las pestañas raspen la córnea.
Es terriblemente doloroso y si no se trata a tiempo, ocasiona ceguera irreversible.
Son los niños
"El aspecto peligroso del tracoma es que los niños presentan muy pocos síntomas", explica Wondu Alemayehu, uno de los especialistas en ojos más importantes en Etiopía, y asesor técnico de Fred Hollows Foundation, que lidera una campaña en Etiopía para combatir el flagelo de tracoma.
"Un niño con tracoma tendrá un poco de molestia, pero no mucha. Lo que trasmiten a las madres es lo que puede ser peligroso".
La Organización Mundial de la Salud estima que 21 millones de personas sufren de tracoma; de ellos, unos 2,2 millones tienen problemas de visión y 1,2 millones son ciegos.
La región de Oromia, en el sur del país africano, cuenta con más de 30 millones de personas y tiene la tasa de prevalencia más alta de tracoma en el país a 42%. La enfermedad prevalece en zonas calientes y polvorientas donde con frecuencia las personas no tienen acceso a servicios sanitarios.
A unos 5km de la escuela se abrió una clínica para examinar tracoma. Sharage Feyine, de 60 años, espera pacientemente a ser examinada.
Se frota los ojos sin parar y asegura que su problema de visión -dolor en los dos ojos y una picazón terrible- empezó hace un año.
"Solía poder cocinar para mi familia. Ahora me he hecho dependiente", cuenta.
Alivio de miles
"El dolor y la devastación que causa la tracoma se puede detener con una cirugía de 10 minutos", explica el doctor Alemayehu.
Este especialista ha entrenado a un equipo de trabajadores locales para que realicen cirugía en sus comunidades.
La operación está diseñada para rotar el párpado hacia afuera, dirigiendo las pestañas lejos del globo ocular.
Sin la corrección, el dolor y la cicatriz continúan, lo que eventualmente causa la ceguera.
De pueblo en pueblo, el equipo está tratando directamente a aquellos que sufren de la enfermedad.
Sólo en Oromia, unas 200.000 personas tienen riesgo de quedar ciegas si no se les opera.
Las mujeres son dos veces más propensas que los hombres a desarrollar la enfermedad debido a que son las que se ocupan de los niños, quienes tienen el tracoma activo.
Mapeando el problema
"Tracoma es una enfermedad de pobreza", explica Simon Bush, director del programa de enfermedades tropicales abandonadas en Sightsavers.
"Es endémica en áreas con poco acceso al agua y a la sanidad".
La fundación de caridad británica lidera una coalición con otras ONG que busca erradicar el tracoma del mundo para 2020.
El primer paso es hacer un mapa de la prevalencia de la enfermedad, una encuesta global para examinar a cuatro millones de personas en más de 30 países para marzo de 2015.
Un aspecto clave de este proceso de mapeado son las enfermeras oftalmológicas entrenadas para visitar a cada familia de la zona.
Con una aplicación de un dispositivo móvil, los resultados se suben automáticamente a un sitio que traza el proceso de mapeo.
El personal sanitario también puede ofrecer antibióticos a cualquiera que muestre signos de infección, y referir para una cirugía a aquellos que no pueden ser tratados con fármacos.
Dos días después de la operación, Misiak, una mujer de unos 40 años, regresa a la clínica algo nerviosa. Le van a quitar las vendas.
Admite que pasó la noche en vela, preocupada por el resultado.
El doctor Wondu Alemayehu observa con orgullo cómo dos miembros de su equipo de cirugía retiran las vendas antes de aplicar una pomada en los dos ojos.
Sentada, Misiak está un poco aturdida, pero en cuanto se empieza a dar cuenta que puede ver otra vez, una gran sonrisa ilumina su cara.
"¡Todos son hermosos!", exclama mientras estira la mano para alcanzar la de Alemayehu.
"Dios, es como si me hubiesen dado otra oportunidad en la vida".


BBC Mundo

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