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El veneno de una de las arañas más venenosas del mundo podría salvar a las colonias de abejas amenazadas, según los científicos, por los pesticidas industriales actuales que afectan el sistema nervioso de estas cruciales polinizadoras.
La Unión Europea impuso, el año pasado, una prohibición a ciertos pesticidas debido al alarmante declive en las poblaciones de abejas, tanto silvestres como domesticadas.
Las abejas son responsables del 80% de la polinización de plantas por insectos. Sin ellas, muchos cultivos en el mundo serían estériles o tendrían que ser polinizados a mano.
Ahora, investigadores en Reino Unido descubrieron que un nuevo biopesticida derivado de la toxina de una araña australiana y una planta herbácea, aunque altamente tóxico contra ciertas plagas es prácticamente inofensiva para las abejas.
Mezcla efectiva
La doctora Fitches llevaba varios años trabajando con el efecto de la lectina de galanthus en varios insectos y observó cómo esta proteína vegetal, después de ser ingerida por el insecto, pasaba del sistema digestivo hacia el sistema circulatorio de los invertebrados.
Ese proceso es importante porque, a través del sistema circulatorio, la proteína puede tener acceso al sistema nervioso central y actuar contra el organismo.
Así que el equipo decidió buscar qué otros peptídicos o toxinas se podrían enviar de esta manera al fluido circulatorio de invertebrados (hemolinfa).
La respuesta la encontraron en la venenosa araña de embudo de Australia.
"Estos venenos contienen toda una mezcla de peptídicos que son muy efectivos contra invertebrados", comentó Fitches a BBC Mundo.
"Lo que hacen es que se adhieren a ciertos receptores en el sistema nervioso -los canales iónicos dependientes de voltaje- bloqueando la transmisión neuronal y, eventualmente, causando parálisis".
Receptores diferentes
Para su sorpresa -y contrario a sus pronósticos- los investigadores encontraron que los peptídicos del veneno de araña no afectaban a las abejas, ni en su estado adulto ni larval.
"Creemos que hay suficientes diferencias entre los receptores de los insectos de plaga y los de las abejas como para que la toxina de Hv1a/GNA no interactúe con los canales iónicos de éstas últimas, como sí lo hace con las especies más susceptibles", explicó la biotecnóloga.
Los investigadores alimentaron las abejas con dosis agudas y crónicas de la mezcla del veneno de araña y la proteína del galanthus, mucho más elevadas de lo que hubiesen encontrado en un ambiente natural, con efectos muy limitados en términos de supervivencia y sin efectos medibles sobre el aprendizaje y memoria de las abejas.
El año pasado, científicos afirmaron que ciertos pesticidas convencionales utilizados en la protección de cultivos pueden alterar los circuitos cerebrales de las abejas, afectando su memoria y habilidad de navegación necesarias para encontrar alimento.
La población de abejas ha entrado en un declive en Europa, América y Asia y muchos piensan que los pesticidas comerciales son los responsables.
Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), la polinización de abejas y otros insectos contribuye a por lo menos 70% de los principales cultivos de consumo humano en el mundo.
En 2005, se estimó el valor económico de esta polinización en US$208.000 millones.
En una decisión polémica, la Unión Europea impuso una prohibición temporal sobre algunos de estos pesticidas.
La doctora Elaine Fitches señaló que el grado con el Hv1a/GNA logra afectar objetivos específicos lo hace un buen candidato para la comercialización de un biopesticida que no sólo de beneficio para la población de abejas sino buneo para el medio ambiente.
"La tendencia de la legislación es reducir el riesgo al medio ambiente y por eso se propone el cambio hacia el uso de sustancias más benignas", expresó. "Nuestro biopesticida puede ser parte de esa solución".



BBCMUNDO

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